Señor Jesús dame un corazón semejante al tuyo; puro, noble, afable, bueno y limpio, un corazón libre de rencor, de resentimiento, donde brille el perdón y la misericordia. Señor dame un corazón valiente semejante al tuyo; un corazón de león, capaz de llevar con tenacidad la senda de mi vida, dame un corazón rico en clemencia y piedad para ver a través del rostro del hermano su necesidad. Señor dame por favor un corazón semejante al tuyo; fuerte, vigoroso para echar por tierra todas mis debilidades y llénalo en demasía de tu amor. Pero sobre todo Señor dame un corazón nuevo capaz de renacer una y otra vez para volar como las águilas, más alto de la cima de las montañas y ver extasiada a través de tus ojos la maravilla de tu creación y el horizonte insondable de tu misericordia. ¡Señor Jesús dame por favor un corazón semejante al tuyo!
El mes de junio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, recordamos la entrega y el amor incondicional y fiel de nuestro amado Señor Jesucristo por toda la humanidad. Fue por los años de 1673 a 1675, que Jesús se le apareció a Santa Margarita de Alacoque en Francia y le mostró su corazón, rodeado de llamas de amor, coronado de espinas y con una herida abierta de la que brotaba sangre. Esa sangre derramada por Jesús y entregada por voluntad propia.
Y fue durante la fiesta del Corpus Christi, que Jesús se le manifestó con el corazón abierto, y señalando con la mano su corazón, exclamó: “He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud”.
“Mi Divino Corazón, está tan apasionado de amor a los hombres, en particular hacia ti, que no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido cómo un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía”.
Tanto nos amó Jesús que dio su vida por salvarnos de la muerte del pecado para darnos una posibilidad de tener una vida eterna al lado del Padre. Aprovechemos este mes de junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús, para llenarnos de él, y vivir a diario la comunión de la sagrada Eucaristía y contemplar su hermosura en la exposición del Santísimo. (M.E.B.E.R junio 2024)
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