Te ha pasado alguna vez que al ver a una persona dices “Es encantadora o que encantador es él” y ello no tiene para nada que ver si ella es hermosa o si él es un varón súper guapo, porque el ser encantador o encantadora está más ligado a la fineza de aquella persona, en su trato exquisito; su forma de caminar, la dulzura de su rostro, su mirada, sus movimientos, su garbo, su forma de comportar lo dice todo, es un encanto muy personal propio de aquella persona. Digamos que es como el perfume o fragancia personal y ¿Quién no quisiera oler rico?
Pues bien; el encanto personal puede definirse como esa cualidad que hace que una persona resulte atractiva, agradable o cautivadora para los demás, más allá de su apariencia física. Es una combinación de rasgos internos y externos que generan simpatía, confianza y conexión.
Según Laura Lee, “El encanto personal es un arma secreta. La suprema seducción contra la cual hay pocas defensas. El encanto personal es un aura, un perfume invisible que flota en el aire. En la mujer, el encanto personal es quizás más completo que en el hombre y requiere una variedad de sutilezas. Es cierto fulgor en el rostro, la peculiar efusión de una bienvenida, un sostenido aire de satisfacción por nuestra compañía y un callado pesar ante una despedida. Y en el hombre, el encanto personal está en la habilidad de conseguir la adhesión de una mujer mediante un decidido reconocimiento de su singularidad. La admiración silenciosa es rara vez suficiente; sus osadas declaraciones, el vuelo de su fantasía, el descubrimiento de virtudes ocultas.
El encanto es una cualidad innata que la mayoría posee y que puede enriquecerse si se le presta la debida atención y no se adquiere con trucos como el dar un tono risueño a la voz. El encanto se revela en una sensación de tranquilidad, de serenidad mental, en modales correctos y llenos de naturalidad y confianza. El encanto personal, es el más poderoso elemento de la conducta humana, proporciona la oportunidad de dar a tu existencia un instante de gloria. Se asemeja al amor porque se impone sin la fuerza, prodigando sus dádivas como la luz del día que nace. En el arsenal del hombre, el encanto personal es un dardo mágico, liviano y sutil como un colibrí”.
Considero que el encanto personal parte del buen trato que tengamos con las personas, tanto el hombre como la mujer estamos llamados a trabajar nuestro temperamento y mejorar nuestro carácter. Todos nacemos con una luz propia, que puede brillar más si la cultivamos, siempre tenemos la posibilidad de aportar lo mejor a los demás. Trabajar nuestra autenticidad, transmitir energía positiva y entusiasmo, saber escuchar y comprender a los demás, mostrar seguridad, expresarse y comportarte con amabilidad son algunos aspectos que nos pueden ayudar a mejorar nuestro encanto personal. No se trata de perfección, sino de autenticidad y calidez. Una mezcla de cómo eres, cómo te relacionas y cómo haces sentir a los demás.
Ten confianza en ti, actúa con sinceridad y muéstrate tal como eres, así como brillan las estrellas en el firmamento, así como cada uno de nosotros posee un especial encanto personal que Dios nos ha dado, una luz que nace de nuestro interior y que ilumina nuestro ser. Deja que ese encanto personal que posees fluya con naturalidad, conquista tus sueños y se muy feliz.
(M.E.B.E.R junio 2026)

