Caminamos y caminamos por este mundo pensando y sintiendo que el tiempo es eterno, que nuestra vida también lo es, nos llenamos de tantas cosas, que las cosas verdaderamente importantes se nos juntas con las cosas urgentes y no menos urgentes, y nos sentimos tan atareados que cuando llega el final del día, nos quedamos con la sensación que nos faltó aún hacer más cosas.
¿Amigo querido por casualidad te has puesto a pensar qué es lo más portante en tu vida hoy? Ya sé ¿Me dirás que tú trabajo? o ¿Tus empresas y proyectos?, ¿Tus faenas del día? o ¿Tus compromisos quizás?, ¿Tu pareja? o ¿Tus hijos? ¡Y está bien! ¿Pero qué hay de ti? Solo tú tienes la respuesta. Creo que a veces sin darnos cuenta asumimos tantos compromisos y responsabilidades que nos absorben de tal manera que nos mal acostumbramos a vivir una vida de rutina y de costumbres sin darnos cuenta de que el hilo de la vida corre, y esta no para hasta decir adiós. Por ello; es importante que nuestra brújula del tiempo este más centrada en el porque de nuestra vida, ya que todos tenemos una misión que al final de nuestra vida, cuando cumplimos con ella es que tenemos el boleto de partida.
¿La vida! Un tesoro incalculable, un regalo tan inmensamente maravilloso, manantial de manantiales; imponente, puro, cristalino que recorre día a día su cauce y sigue su curso. Sin embargo; Así como el río se seca, la vida también se termina. La vida tarde o temprano se detiene, se escurre como el agua entre tus manos, sin que podamos evitarlo. Y lo vemos cada vez que un ser querido se nos va sin decirnos adiós.
Sé por experiencia que el dolor que nos embarga es muy fuerte y a veces la pena no nos deja ver con claridad, y la frustración que sentimos por la pérdida del ser querido nos deja un gran vació, pero quiero que sepas, que Dios nos sostiene en toda situación, aún más en esos momentos de dolor. Sé que no hay dolor más grande que perder a tus hijos, a tu esposa o ser amado, a tu madre o a tu padre. Quizás sientas en estos momentos que tu vida sin ellos no tiene sentido y te preguntes ¿Qué vas a hacer de tu vida? Pero sabes, si el Señor permite que aún tú te mantengas con vida es porque tu misión aún no ha terminado, que hay algo más allá de tu rutina del día a día y es que aún tú puedes orar por la salvación de aquellos que ya partieron. Quizás si tú hubieras partido antes, nadie hubiera orado por ellos y se hubieran condenado.
Por ello; mi muy querido amigo y amiga lector, mientras tengamos aun el aliento de la vida, el regalo de respirar cada día, hagamos algo bueno por ellos, ¡Oremos! ¡Si!, Oremos por aquellos que se fueron sin despedirse, sin decirnos adiós, por aquellos que no sabían que iban a partir, oremos por los que lograron despedirse y oremos aquellos que están en agonía y los que acaban de partir. Siempre oremos por todos nuestros seres queridos que ya no están con nosotros. ¡Para ellos un beso y un enorme abrazo que llegue hasta cielo!
(M.E.B.E.R junio 2026)

