¡Maximiliano el grande!

¡Maximiliano el grande!, así solía llamarlo yo, un día inesperado llegó a mi jardín, y de buenas a primeras ya estaba bien echado en las escaleras de la entrada de mi casa. Era un gato cabezón, de rayas negras con grises y tremendos ojos grandes, tenía deforme su cola y maullaba todo el tiempo. En aquel entonces yo ya tenía dos gatos Garfield en casa que había recogido de la calle pues habían sido arrojados muy pequeñitos a una caja de basura. Como comprenderán ya tenía en mi haber tarjeta roja y no querían más gatos en casa. El tiempo fue transcurriendo y yo me acostumbre a correr desde mi habitación al jardín, las “n” veces que escuchaba maullar a Maximiliano desde lejos, yo sabía que era él, pues venía renegando, como enojado y parecía gritar “Quiero mi comida”. Creo que era el gato de todos y a la vez de nadie, porque no le gustaba quedarse mucho tiempo en casa, era un gato de la calle, libre, huraño. Sin embargo, me dejaba acariciar su cabecita y con su mirada parecía decirme que confiaba en mí.

Un día llego muy mal herido, tenía un tremendo corte en su garganta y estaba la herida llena de materia, toda infectada, con la ayuda de unas vecinas logramos atraparlo y pude llevarlo a una veterinaria, ahí lo curaron y vendaron sus heridas. Bien dicen que los gatos tienen 7 vidas pues logró salvarse y sanarse, conseguí entonces un albergue temporal en la casa de una amiga, porque ni ella ni yo podíamos quedárnoslo. Le llevaba su carnecita, le gustaba comer su hígado, se puso fuerte y para mi hermoso, pero sabía que tenía que moverme rápido y conseguirle un hogar para mi Maximiliano el grande, así le puse porque para mí era un ganador, pues había logrado sobrevivir en la calle. 

Mi vecina me dijo que el enamorado de su hija quería quedarse con él, yo estaba feliz, pensé que había logrado conseguir un hogar para él. No sabía cuánto había llegado a amar a ese gatito de la calle, mi corazón estaba quebrado, pero para mí lo más importante era su felicidad. El día llegó y aquel joven vino por mi Maximiliano, me dijo que estaba por mudarse y que me enviaría su nueva dirección para que yo vaya a verlo. ¡Yo se lo entregué! Aquel día fue la última vez que vi a Maximiliano, pues el joven desapareció, traté contra viento y marea de encontrarlo, logré averiguar que ese mismo día que se llevó al gatito partió para Argentina y había dejado a mi Max con unos terceros. Nunca supe porque este joven me engañó, sino quería al gatito ¿Por qué se lo llevó?, nadie me dio razón del paradero del joven ni de mi amigo Maximiliano, fueron muchos meses de angustia y de dolor pues intenté localizarlo pero nunca más dio la cara.

Max era mi amigo y sentí que lo había defraudado no supe elegir a la persona adecuada, confié y me engañaron. Pero aprendí la lección porque no más entregaría a ningún desconocido la vida de un animalito por más recomendación que me dieran, sin asegurarme antes que realmente sea cierto lo que dicen, y verificar la dirección de su nuevo hogar y las condiciones que lo tendrían.

¡El planeta es nuestro hogar!, Nuestra casa no es solamente el espacio donde vives, ni el lugar donde perteneces, ni la nación o el barrio en la cual has nacido. Tú verdadero hogar es nuestro planeta, si ella se destruye, se destruye la vida para todo ser viviente, ¿Si dañamos el aire que respiramos y el agua que bebemos podremos subsistir? La respuesta es ¡No! Por ello; es muy importante que cuidemos y protejamos la naturaleza, su conservación, el habitad de los animalitos y especialmente a ellos. ¡Amemos y defendamos la vida y el bienestar de los animalitos!

(M.E.B.E.R – diciembre 2022)

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