Dos amigos estaban conversando, uno le decía al otro que ya no confiaba en su mujer y que su madre le había dicho antes de casarse que esa mujer no le convenía. Habían pasado ya muchos años y sus hijos eran grandes y él creía ahora que nunca debió casarse y que su madre se lo había advertido. Me vino a la mente: ¿La palabra tiene poder?
Recordé entonces que en una oportunidad cuando estaba en la universidad yo dictaba clases de nivelación y tuve una niña que me tocó nivelarla en matemáticas y en otras materias. Descubrí que sus padres le decían que ella era una bruta y que lo mejor sería retirarla del colegio. Fueron muchos meses de trabajo que me costó que la niña y los padres entendieran la importancia de reemplazar la palabra “bruta” por la palabra “inteligente”, la palabra “Tonta” por la palabra “muy capaz”, con los años aquella niñita gracias a su esfuerzo y al de su familia logró terminar el colegio y ganarse una beca para estudiar en el extranjero.
Y es que la palabra tiene poder, ella puede ser un manantial de agua pura que refresca los más íntimos pensamientos y sentimientos de los corazones humanos, pues con la palabra construyes o destruyes. La palabra tiene poder, pero ese poder no está en la palabra en sí, ni mucho menos en la persona que lo dice, sino en el significado de ella. Por ello; considero que sería mejor decir palabras bonitas que ayuden a la persona a sentirse bien y a salir adelante en lugar de palabras que causen heridas profundas y las lleven como un ancla toda una vida.
(M.E.B.E.R diciembre 2022)

