¡La promesa!

Ella miró por la ventana y era un día muy soleado, la gente pasaba muy apresurada de un lugar a otro y se preguntó: ¿cuál sería el destino de aquella gente?, ¿a dónde se dirigen? Siguió recorriendo su mirada por la habitación y vio su vestido de color blanco como el cielo de aquella mañana. Una hermosa sonrisa se le dibujo en su rostro y pensó: ¡hoy es el día más feliz de mi vida!

Cuando Catalina se disponía a bañarse sonó repentinamente el timbre de su departamento y dijo en voz alta: “¡ya voy, ya voy!, pero ¿Quién será?, ¿Quién toca de esa manera, tan fuerte?”. Al sacar el pestillo de la puerta, grande fue su sorpresa y exclamó: “Alfonso ¿Qué haces aquí?, ¿Es que no sabes que ver a la novia en su día de bodas, es de mala suerte? ¿Por qué viniste amor?”.

“¡Alfonso! No dices nada, ¿por qué tan callado?, ¿por qué me miras así? Te noto raro, estás como ido. ¡Te estoy hablando Alfonso!, por favor dime algo, ¿qué tienes amor mío?, ¿te ha sucedido algo? …” Catalina siguió exclamando en voz alta y ya casi desesperada, le dijo: “¡no puede ser, no puedo creerlo, mejor no digas nada”.

Lo vio alejarse de la sala, entrar en silencio a su habitación y sentarse sobre su cama. Un profundo silencio invadió sus mentes, sus labios, sus corazones.

Las horas transcurrían y con ellas la desesperación de Catalina aumentaba, no dejaba de preguntarse qué habría sucedido, porque Alfonso estaba así, él no le había dirigido una sola palabra desde que él había llegado. No comía, no se movía, estaba demasiado quieto y con esa mirada ausente que era lo que más la inquietaba y perturbaba.

Sonó otra vez el timbre, pero esta vez más delicadamente. Observó por su ventana y con alegría vio que era Amelia, su mejor amiga y pensó: que bueno, ella me ayudará.

Ambas se abrazaron y Amelia entre sollozos le dijo: “¿Amiga, ¿cómo estás? A penas me enteré de la noticia vine inmediatamente”. Catalina muy sorprendida le respondió: “a qué te refieres, no sé nada”. Amelia muy triste le dijo: ¿Cata, no te has enterado de la noticia? Alfonso anoche tuvo un accidente por la carretera, cuando regresaba de la casa de sus padres. Él…, él…, amiga murió, Alfonso murió esta madrugada.

Catalina derrumbándose sobre el mueble de la sala y sin poder ya casi hablar, balbuceo: “No puede ser, ¿de qué me hablas?, ¡él está vivo!, Alfonso está en la otra habitación, ¿no lo ves? Se arrepintió y no quiere casarse, por eso está desde temprano, con esa cara de tonto, sin poder decírmelo a la cara”.

Cata ¿Amiga, estás bien? ¿Yo no veo nada?, por favor no hagas nada, iré por ayuda, buscaré a un doctor.

Catalina volvió a sentir un profundo silencio y la soledad de aquella habitación la golpeaba cada vez con mayor fuerza y pensó: que le pasa hoy a la gente, ¿será que todos están locos?, ¿será que todo es un mal sueño y pronto voy a despertar?, ¿por qué la habitación se ha oscurecido?, ¿por qué ya no hay luz? ¿Por qué de pronto hace tanto frio?

Catalina sentía que no podía soportar más esta situación y decidió afrontarla pase lo que pase, entonces se dirigió a su novio y le dijo: “¡Alfonso! Hablemos de una vez por todas, dime que te sucede”. Alfonso la miró, respiró profundamente, se acercó tan cerca de ella, que catalina podía sentir su aliento sobre su cara y le respondió: “Cata, he venido por ti, tuve un contratiempo anoche, pero he regresado por ti, ¡vámonos!, tú me juraste amor eterno, tú me prometiste que aún después de la muerte, estaríamos juntos”.

Catalina sin poder reaccionar, aún aturdida y con un profundo dolor en su pecho miró como Alfonso la tomaba suavemente de la mano, la abrazaba y sus labios se rozaban hasta perder el aliento y un aire muy fresco la invadía fuertemente. Vio por la ventana como aún la gente transitaba por las calles, por las avenidas y como el sol se ocultaba para dar paso a las estrellas de la noche.

Al llegar a la casa de su amiga, Amelia notó que la puerta estaba abierta. Con cierto temor entró y respiró con alivio al ver que Catalina, aún estaba sentada en el mueble de la sala y le dijo: “Cata, el médico ya está en camino, también le he avisado a tú papá y dice que…Cata, ¿qué te sucede?, amiga dime algo, ¿por qué no me hablas?, te noto muy rara. Cata, ¿qué tienes?, ¿por qué tienes esa mirada tan ida? Amiga, ¿y esa foto que tienes en la mano?”.

Catalina volteó y al ver a Amelia le respondió: “Te he estado esperando, la foto es cuando éramos pequeñas, ¿te acuerdas?, nos la tomamos cuando nos fuimos de paseo a la playa, aquel verano…cuando tú me prometiste y me juraste, …que pase lo que pase, siempre estaríamos juntas, aún después de la muerte…”. (M.E.B.E.R 26 noviembre 2015) escrito durante mi primer taller de redacción creativa en el Centro Cultural PUCP

Enlace del video en YouTube: https://youtu.be/73n1bUM0dek

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