Aún recuerdo mis piernas regordetas y mi vestidito blanco de encaje con mis zapatitos de charol, tendría tan sólo 5 años cuando mi padre me subió a su caballo negro azabache, llamado “Trotón” en la hacienda “Cabildo” ubicada en Nasca. Le decíamos así, porque no cabalgaba despacito, sino trotaba muy ligero y corría como el viento. Aquel día mi padre iba al lado mío cuando me dio por primera vez las riendas y sin dejar de soltarlas me enseñó a cabalgar. ¡Yo iba feliz! Me sentía segura porqué él iba a mi lado y controlaba a mi caballo.
Ahora que miro hacia atrás; veo que ese espíritu indomable, medio salvaje de mi caballo, y libre como el viento, era como yo, porque no sería la única vez que mi padre me enseñaría a controlar las riendas de mi vida: Como la vez que me subí sin medir las consecuencias, cuando era pequeñita, a la copa más alta del árbol de un Tamarindo, para comer sus frutos y desde ahí comencé a tirar piedritas porque no quería que me bajaran. Mi padre se enojó mucho conmigo y fue la primera vez que me llamó la atención y me dijo que tenía que mejorar mi carácter y controlar mí temperamento.
Desde aquel entonces han transcurrido muchos años y la vida no ha hecho más que enseñarme y corregirme las tantas veces que me he equivocado, pareciera que la escuela de la vida siempre está atenta para hacerme ver mis errores y la verdad entre nos, que bueno que sea así. Pues he comprendido con el tiempo y los años que la llave maestra para alcanzar el éxito y la felicidad no está en lograr la meta deseada, sino en el cómo llegamos a esa meta. Y la llave maestra amigo y amiga mía es por excelencia “El trato”.
El trato es el respeto, la consideración, el afecto, la gratitud y la solidaridad con que tratamos a las personas en general, la manera en cómo nos dirigimos y actuamos con nuestros familiares, compañeros de trabajo, amistades, en especial a las personas que decimos que amamos; a nuestros seres queridos y amigos con mayor razón tratarlos con aprecio. Un saludo, una sonrisa, un apretón de manos, un abrazo, palabras dirigidas con respeto, cortesía, acciones de agradecimiento y solidaridad dice quién eres y a dónde vas. Expresar tu cariño y consideración no te hace débil ante los demás, todo lo contrario, te hace más fuerte y la clave o la llave maestra es el trato. ¡Tarea nada fácil, pero vale la pena intentarlo no crees!
(M.E.B.E.R- enero 2023)

