Había salido el sol, y por lo general sus rayitos suelen ponerme muy contenta y no podía evitar que mis pies se movieran al compás de la música del supermercado cerca de mi casa. Aquel día estaba haciendo la cola, pues me disponía a pagar los productos que había seleccionado. Cuando ya me tocaba mi turno para que me llamaran, pude escuchar la voz de aquel desconocido, como de una manera tan prepotente y malcriada le gritaba a la joven cajera: “Eres una buena para nada”, “¿Qué haces aquí?”, “todo lo haces mal”, “me preguntas tonterías, eres una … y bla bla…”
Más allá de las palabras fuera de contexto de aquel hombre, pude ver la carita de aquella joven, estaba avergonzada, intimidada, su mirada triste y cabizbaja lo decía todo, muda, calladita lo miraba al comprador y como un arbolito de pie soportaba toda la tempestad que salía de la boca de aquel hombre que descargaba toda su ira en aquella jovencita.
No sabemos a ciencia cierta cuales fueron los motivos que quizás ocasionaron que aquel Señor estuviera tan amargado y bravucón, ni que llevaba tan pesado en la mochila de su vida que estaba tan mal acostumbrado a maltratar de esa manera a las personas. Pero lo que si se es que yo no pude soportar ver en mi delante como era maltratada verbalmente una persona y le cuestioné al Señor por qué la estaba tratando tan mal a la cajera. Pues nada justifica el maltrato verbal y emocional.
Algunas personas sean hombres o mujeres están tan mal habituados a insultar a las personas, a decirles adjetivos calificativos desfavorables a otros, sin tener en consideración del daño terrible que están ocasionando emocionalmente a esas personas, sean niños, jóvenes, ancianos, o adultos. Lamentablemente; creemos que las ofensas verbales, los insultos, las palabras hirientes pasan piola y no nos detenemos a pensar en las heridas emocionales que estamos causando, y que pueden llegar a ser muy profundas.
Amiga, amigo lector, nadie escapa de una mala contestación, o de dar y recibir palabras ofensivas en algún momento de nuestra vida, lo hemos experimentado, pues somos humanos y con facilidad erramos, es parte de nuestro crecimiento, lo que no debemos permitir es que se nos haga costumbre insultar, burlarnos o tratar mal a las personas.
¡Abre tus ojos! El golpe de las olas tarde o temprano terminan por desgastar aún las rocas más grandes en el mar, y por muy fuerte que te consideres si permites que te insulten o te ofendan constantemente, o se burlen de tu persona, difícilmente saldrás a flote. Levanta tu voz, no lo permitas, defiéndete, no creas todo lo que te dicen, menos aún si son palabras que te disminuyen como persona y afectan tu desarrollo personal, laboral, familiar, social. Somos lo que pensamos y logramos lo que creemos, y si es necesario, aunque te duela, aléjate de esas personas que no aportan nada positivo en tu vida y no te ayudan a crecer y a ser mejores personas.
(M.E.B.E.R junio 2023)

