¡Vale soñar!

Dijo Dios: “Haya luz” y hubo luz. Dios vio que la luz era buena y separó la luz de las tinieblas. Dios llamó a la luz “Día” y a las tinieblas “Noche”. Atardeció y amaneció: fue el día primero. (Génesis 1,3 de la Biblia Latinoamericana). La palabra entonces antecedió a la acción y la visión a la palabra. Basta con mirar a nuestro alrededor todo lo maravilloso que Dios ha creado con tanto amor.

Algunas personas dicen de las personas que deseamos y laboramos por un mundo mejor que somos soñadores, que debemos ser más realistas y que este mundo no lo cambia nadie. Pues bien; yo creo que si bien es necesario que tengamos los pies en la tierra y darnos cuenta de las cosas que suceden a nuestro alrededor. También es súper bueno dar rienda suelta a nuestra brújula del tiempo y echarle una pizca de visión e imaginación, una brocha de color no nos viene a mal y es que si dejamos de soñar ¿Qué sería de nosotros? Los grandes héroes de nuestra historia, si no se hubieran imaginado y soñado en una América Libre e independiente, no estuviéramos gozando hoy de nuestra libertad.

Los extraordinarios pensadores, filósofos, escritores, compositores, inventores, libertadores, arquitectos; definitivamente tuvieron que dar rienda suelta a su imaginación, a sus ideas, a sus sueños, para plasmarlas luego en palabras y en obras. Francamente no me imagino a un Platón, Sócrates, Beethoven, Leonardo Da Vinci… recurriendo a la Inteligencia artificial para realizar una de sus obras. Y es que Dios nos ha dado ese regalo maravilloso a los seres humanos de poder crear y para crear primero hay que soñar, imaginar ¿Dime qué sueñas tú? Quizás valdría la pena sacar ese cofre guardado, soplarle el polvo, abrir nuestra cajita de pandora y dar rienda suelta a nuestros sueños.

¡Podrías sorprenderte hasta dónde puedes llegar! Te imaginas que millones y millones de personas soñáramos al mismo tiempo que las guerras se terminan, que las bombas nucleares y grupos de crímenes organizados se destruyen, que se finaliza la trata de niños, jóvenes, mujeres y el comercio ilícito de drogas y armas. Y que cada uno de los males que aquejan a nuestro planeta se van desvaneciendo. Ahora dime si usamos esa enorme fuerza interior de millones y millones de personas, y si además de soñar, oramos y actuamos ¿El mundo acaso no cambiaría para bien?  ¡Yo quiero soñar y creer que sí, que vale soñar!

(M.E.B.E.R marzo 2025)

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