¡En mi barca!

Las olas gigantescas azotaban con furia la embarcación y al capitán le preocupaba el mal tiempo y la posibilidad de naufragar, él sabía que contaba con muy pocos botes de emergencia y en su barco había varias clases sociales y se llenaría con solo la clase adinerada. Así que llamó a su marinero de mayor confianza y le dijo: ¿Marinero en caso de naufragar y no esté con ustedes a que grupo salvaría? ¿A los ricos, a los de clase media o a los pobres?  Es menester que usted me responda, pues deberá salvar solo a un grupo de personas y llevarlas a la isla ubicada al norte que está a cinco horas de aquí.

El hombre de mar, que había aprendido a hacer los oficios de marinero desde los 15 años era un hombre sencillo, inteligente y sabio. Así que pensó: esa isla está deshabitada y habrá que sacarla adelante, en el bote no podrán entrar todos y si quiero que la isla prospere para bien de la mayoría, prefiero subir: a más personas soñadoras, entusiastas, creativas que nos llenen de alegría, ilusión y emprendimiento, a los realistas para que realicen y aterricen los sueños, a los que hacen cosas buenas y nos enseñen a hacerlas, a los que promuevan valores, crean en ellos y los pongan en práctica.  A los más fuertes, decididos y perseverantes, a los que valoran el trabajo en equipo, la dedicación y el compromiso.

También necesitaré a más personas que actúen y menos que critiquen, a los que se enfocan en el crecimiento y desarrollo de las personas y menos en los chismes y difamaciones. A más personas que bendigan y sean fuente de amor. A los más positivos, llenos de fe, esperanza, amor y caridad para que sean una antorcha viva para todos, a los que son sinceros, honestos y leales, a los sencillos, inteligentes y sabios. Pero en especial a los humildes de corazón, buenos y generosos para que aprendamos de ellos a construir un mundo mejor. Y tú mi querido amigo y amiga lector ¿En tu barca a quién salvarías?

(M.E.B.E.R febrero 2025)

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