Según la Real Academia de Lengua Española la palabra “resiliencia” se define como la capacidad de adaptación frente a situaciones adversas y en un sentido técnico como la capacidad de un material o sistema para recuperar su estado inicial tras una perturbación. Podemos decir en pocas palabras que definimos el término de resiliencia a la capacidad que tenemos todos los seres vivos a recuperarnos o sobrevivir frente a fenómenos o situaciones adversas.
Vemos así a la habilidad de muchas personas para sobreponerse a traumas, crisis o dificultades, desarrollando recursos internos y externos para seguir adelante, las muchas comunidades o instituciones que logran reorganizarse y fortalecerse tras crisis económicas, sanitarias o políticas, también lo podemos ver en los árboles, las plantas que frente a la inclemencia del tiempo aún logran sobrevivir y también lo apreciamos en los animales que pese a los fenómenos atmosféricos, desastres naturales, o la pérdida de sus ecosistemas y lugares de habitad logran abrirse camino.
Esa resiliencia la podemos tener y trabajar todos, cuando nos esforzamos por salir adelante en las diversas situaciones de la vida e incluso en medio de las adversidades o dificultades que se nos presenta. Ejemplos hay miles: un campesino que se esfuerza por no perder su cosecha del año, una madre que se esmera para que su hijo crezca sano y salvo, un padre de familia que se reinventa en el día a día en su trabajo, una mujer que sale a vender a la calle para llevar que comer a su familia. Un católico que persevera en estos tiempos por mantenerse de pie, fiel a Dios y a su palabra.
Creo en lo personal que todos podemos ser ejemplo indistintamente en los que hagamos de resiliencia, todos son valederos y muy valiosos. Aún nosotros como católicos, podemos ser ejemplo de resiliencia, de resiliencia de fe; con esperanza, constancia, confianza, perseverancia y entrega. Son tiempos difíciles, pero como hijos de Dios, estamos llamados a expresar y manifestar nuestra fe, nuestras creencias, a no callarnos, a no silenciarnos. No estamos llamados a discutir, a debatir por nuestras creencias, a dialogar sí, de manera alturada, si se presta, pero a pelear no. Cuida tu paz, tu tranquilidad, tu energía para cosas mejores.
No pises el palito, si otros piensas distinto, respeta, no insultes a nadie, menos aún si no tienes pruebas. ¡No insistas!, respeta las diversas creencias e ideologías, no intentes imponer tu fe ni tu ideología, no es lo mejor, ya que tu libertad termina donde empieza la de la otra persona, y la libertad de la otra persona termina donde empieza la tuya. Como católicos practicantes estamos expuestos a la crítica y muchas veces más severas por los que no lo son, se tolerante con ellos, no intentes cambiarlos, acéptalos tal como son y respeta su ideología, pero mantente firme como un árbol de roble, fiel a Dios, a los dogmas de fe, a la palabra de Dios, a tus principios y valores. Que no intenten cambiarte y no pierdas el tiempo en rencillas, disputas y debates que las palabras mal intencionadas se las lleva el viento y el barro se lo lleva el río y con ellas a los necios, mentirosos y difamadores. Si te calumnian y mancillan tu honra acláralo, porque el que calla otorga y sigue tu camino. Tú estudia, lee, asesórate, investiga, analiza, trabaja, persevera, crece y mejora, porque si tú creces, y haces las cosas bien, todo crece y mejora a tu alrededor y con ello las personas, las familias, la sociedad y tu nación.
(M.E.B.E.R enero 2026)

