Había una pareja de zorros muy astutos, que tenían el olfato más desarrollado de lo normal, vivían en el bosque y tuvieron 7 cachorros. Una noche en medio de la oscuridad la hembra salió a cazar y cuando traía el alimento para sus cachorros, tuvo que enfrentarse con un lince para defender a sus crías y evitar que sean devorados. La zorra logró ahuyentar al lince, pero no pudo evitar ser mordida por él, al quedar gravemente herida, enfermó y murió no sin antes pedirle a su compañero de vida que cuidara bien de sus crías. El zorro pensó: Que voy a hacer con ellos, son muy pequeños, que haré para que mis cachorros estén listos para enfrentar la vida y se defiendan de sus cazadores: Como los linces, los lobos y en especial del hombre. ¡Ya sé!, ¡Los prepararé para que puedan enfrentarse y sean independientes cada uno!
Entonces comenzó a trabajar en ellos sus cualidades; les enseño a ser ágiles como el viento, astutos como las serpientes y rápidos como los guepardos, a guarecerse en su cueva para protegerse de los depredadores, les indicó una serie de movimientos y posturas para entenderse con otros miembros de su especie, los aleccionó a salir de su madriguera para cazar, a buscar sus alimentos, a delimitar sus espacios con sus secreciones corporales, a usar su olfato para encontrar aún los alimentos bajo tierra durante el invierno, les enseño a comer aves, reptiles, mamíferos, insectos y pescados; como los pollos, gansos, conejos, serpientes, escorpiones y hasta frutas.
Una mañana cuando los primeros rayos del sol amanecían, pensó que ya estaban listos para que partieran y que cada uno aprendiera a valerse por sí mismo. Entonces les dijo: “Hijos ustedes han recibido hermosos regalos que les van a ayudar a valerse por si solos y defenderse de sus enemigos. Les he enseñado con amor y paciencia todo lo necesario, sepan ustedes valorarlo y saberlo aplicar para sobrevivir a las inclemencias no solo del clima sino también de la vida”.
Entonces el zorro viejo vio como uno por uno abandonaba la madriguera y tomaban distintas direcciones, cada uno portaba su mochila y cosa curiosa, un audífono puesto sobre sus orejas. Solo uno permanecía a su lado, lo cual le llamó la atención y le dijo: “Hijo mío, ¿Tú por qué nos vas con tus hermanos?” Su hijo le contestó: “Padre, tú sabes que todos ellos, son más fuertes que yo, más sabios, más astutos, más grandes, más ágiles y hasta más ligeros que yo. Yo soy el más pequeño de todos, que voy a hacer solo, sin ti y sin ellos”. El Padre lo quedó mirando y le dijo: “Hijo mío tú eres el más preparado de todos, tú has recibido algo más y que ellos no tienen: “Tú sabes escuchar”, posees la humildad necesaria para aprender y desaprender todo lo necesario para que puedas sobrevivir. ¡La humildad antecede a la sabiduría! Tienes la herramienta más importante y sobrevivirás más que todos tus hermanos, ve y no tengas temor, aunque ya no esté contigo, mis palabras te acompañarán por el resto de tu vida”. El zorrito pequeñín le sonrió a su padre, tomó su mochila y emprendió su viaje escuchando el dulce cantar de las aves, del riachuelo, de los sonidos del bosque y de las sabías palabras de su padre, las cuales le acompañarían por siempre. (M.E.B.E.R Setiembre 2022)
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