¡El sultán y la palmera!

“Siembra el bien y cosecharás amor” solía decir un sultán que era amado por sus súbditos y siempre que salía de palacio era para realizar una buena acción. Una mañana el sultán salió a dar un paseo por el campo, encontró a un anciano campesino que plantaba una palmera, a quién le preguntó: ¿Qué haces buen hombre? Planto una palmera, Señor, respondió el anciano. El sultán se quedó pensativo, luego le dijo: ¿Sabes quiénes comerán sus frutos? No Señor. Y si no lo sabes ¿Por qué la plantas? Recuerda que una palmera necesita muchos años para dar fruto y tu vida está llegando a su término. No lo ignoro repuso el anciano, pero recuerde usted que otros plantaron los frutos que hoy comemos.

El sultán por esa gran sabiduría le hizo entregar cien monedas de plata que el viejo agradeció y le dijo: Ha visto Señor ¿Qué pronto dio fruto mi palmera? El sultán maravillado por la ingeniosa pregunta ordenó que le dieran otras cien monedas de planta. Entonces el viejo exclamó: ¡Oh, Señor! La palmera adulta solo da un fruto al año y la mía me ha dados dos, en menos de una hora. El sultán sorprendido y agradado se alejó meditando y apreciando la sabiduría del anciano campesino, sobre sembrar siempre el bien que nos beneficie a nosotros mismos y sobre todo a los demás.

Cuento extraído de la colección de Cuentos escogidos de la Literatura Universal. Ediciones Coquito

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