Sol y Luna, día y noche, luz y oscuridad, ambas cosas siempre han rodeado al ser humano, mientras más cerca de Dios estamos, de más luz nos llenamos, mientras más lejos de Dios nos encontremos, mayor oscuridad en nuestros pensamientos y en nuestro obrar. Las guerras, la violencia, el hambre y la miseria no es producto de Dios, ni es que Dios sea un Dios despiadado que se complazca con el dolor de los seres humanos. Dios en su infinito amor nos hizo libres para amar y ser amados. Libres; para amar u odiar, para bendecir o maldecir, para construir o destruir, para servir o explotar al otro.
El acero que mata a otro ser humano, no es la espada forjada de acero, porque al fin y al cabo es simplemente un instrumento. Lo que mata realmente al ser humano, es su propia maldad interior; la codicia que alberga en su corazón, la envidia; sentimiento más innoble y vil que puede existir. El ácido que mata al ser humano es su propia miseria y mezquindad que siente en su ser, el ácido que lo quema por dentro, le penetra y al final lo destruye. Porque la maldad y el bien coexisten y ambos regresan a sus orígenes y casi siempre en mayor dimensión, por eso más vale ser sabios y buscar la luz que alumbre nuestro caminar y que mejor que en los brazos de Dios, para que nos haga cada día mejores personas.
No permitas que la envidia, la codicia, la soberbia, el egoísmo se incruste en tu corazón, te hará muy infeliz, perderás lo mejor de ti, solo tristeza y dolor le espera a quién lo posee, pues por envidia el ser humano es capaz de matar, robar, traicionar, difamar a otro ser humano. Por envidia y codicia, Judas traicionó a su mejor amigo, a Jesús, permitió que lo mataran en la cruz siendo inocente. Solo muerte y destrucción le espera a quién lo posea, y solo Dios es capaz de curar semejante enfermedad, oremos juntos para que el amor y la paz reine en los corazones humanos y construyamos un mundo mejor.
(M.E.B.E.R -febrero 2023)

