¡Aliento para vivir!

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran. Estaban de paso en Jerusalén judíos piadosos, llegados de todas las naciones que hay bajo el cielo. Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los oía hablar en su propia lengua…” (Hechos 2, 1-11 del Nuevo Testamento, Biblia Latinoamericana)

 ¿Te imaginas la cara de desconcertados y de estupor de los judíos y extranjeros que oían hablar cada uno en su propia lengua? Pentecostés para los judíos era una de las fiestas más grandes del año y muchos judíos venían en peregrinación a Jerusalén de todos los países que rodeaban el Mediterráneo; sin saber que serían testigos de este milagro extraordinario no solo por el hecho en que los apóstoles se pusieran a hablar lenguas extranjeras sino en que todos esos extranjeros escucharan en su propio idioma esta proclamación de las maravillas de Dios. Y donde Dios hace visible por el Espíritu Santo y pone en manifiesto que quiere ser alabado y bendecido por todas las lenguas y por todas las culturas del mundo.  

Desde aquel día; el Espíritu Santo se ha hecho presente como pilar en nuestra Iglesia y en nuestras vidas, es la que nos mantiene unidos como Iglesia y unidos en Cristo Jesús y es la que nos acerca al padre Todopoderoso. Muchas personas no conocen verdaderamente el poder y las tremendas gracias y dones del Espíritu Santo, la tercera persona de Dios, y como actúa para bien en nuestras vidas. Él es capaz de cambiar, renovar nuestros corazones y nuestras vidas. Él es luz, amor, fidelidad, gozo, alegría, sabiduría, conocimiento, paz, en verdad es la mejor compañía que puedas tener. Te instruye, te guía, te cuida, protege y vela por ti. Pero para gozarlo tienes que abandonarte en él, creer en él.

Cuántas almas deseosas de perfección no crecen más espiritualmente porque no invocan el Espíritu Santo, no se abandonan a él, y lo relegan al olvido en su crecimiento espiritual. Cuántas decisiones equivocadas podríamos evitar si invocáramos con frecuencia la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Aprovechemos esta fecha de celebración de “Pentecostés” para invocar la maravillosa presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Es muy sencillo, solo tienes que decirle con tus palabras que broten de tu corazón: “Ven Espíritu Santo”, ven “Espíritu de Dios”, ven a mi vida, ven a mi corazón, ven y mora en mí…Lo que te nazca en ese momento díselo desde lo profundo de tu corazón, con humildad y sinceridad. Él aviva tu canto, tus oraciones, tus obras para bien, búscalo siempre, no solo en los momentos difíciles, búscalo en la soledad de tu habitación, cuando caminas, cuando haces deporte, en todo momento. ¡Él siempre está presente porque es el mejor aliento para vivir! Te comparto mi oración predilecta:

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

VEN, ESPÍRITU DIVINO, envía tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido, luz que penetra las almas, fuente de mayor consuelo.

VEN, DULCE HUÉSPED del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

ENTRA HASTA EL FONDO del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro, mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

REPARTE tus siete dones según la fe de tus siervos.

POR TU BONDAD y tu gracia dale al esfuerzo su mérito, salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén

(M.E.B.E.R junio 2025)

error: Contenido protegido