“Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada” (Juan 6, 11-13).
Mi querido amigo y amiga lector este es uno de los pasajes bíblicos que me encanta no solo porque me imagino la cara de felicidad y de alegría de los comensales al llenar su barriguita, sino porque fueron testigos de ese maravilloso prodigio de la multiplicación de los panes y de la extraordinaria misericordia de Dios. Aquel día fue el inicio de ese pan nuestro que pedimos en el Padre Nuestro y que nunca nos falta en nuestra mesa por la gracia y providencia de Dios.
Misericordia infinita que va más allá del alimento corporal y transciende fronteras de lo increíble para dar paso al pan de vida que no solo alimenta al cuerpo sino al alma y es el cuerpo y la sangre de nuestro amado Señor Jesucristo y que se hace presente en cada Santa Eucaristía. Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”. (Juan 6, 35) Jesús es el verdadero alimento que nutre al alma y lo llena de fuerza, templanza, valor, tenacidad, entrega, fe, esperanza, amor, paz, caridad y nos une en un solo cuerpo con Dios.
Ese pan de vida; verdadero alimento también lo encontramos multiplicado por mil en la palabra de Dios, en cada promesa de vida de nuestro Señor Jesucristo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Mateo 24,35) Verdadero pan nuestro de cada día que nos alimenta a todos nuestro espíritu y nos hace uno solo y verdadera Iglesia de Dios. Querido lector no hay nada más gratificante que participar de la Santa Misa y leer y escuchar la palabra de Dios, donde lo perecedero se hace inmortal para dar paso a la vida eterna y el pan de vida se convierte en el verdadero alimento.
(M.E.B.E.R 2025)

