El camaleón, muy conocidos como lagartos del viejo mundo y el rey del camuflaje, son animalitos, con una increíble forma de pasar inadvertidos gracias a su capacidad de cambiar el color de su piel, mimetizándose con el medio, imitando los tonos de las ramas o las rocas en la que están sujetos con su cola enroscada en espiral en los árboles y arbustos.
Según la especie de camaleón, la longitud oscila entre los 2 y 50 centímetros. También hay especies enanas y otras gigantes con una longitud de 80 cm, en Madagascar y en el África. Sus lentos movimientos le ayudan a camuflarse y su larga lengua súper puntiaguda, que en muchos casos es superior a la longitud de su cuerpo, le permite cazar los insectos. Ni que decir de sus ojos, ellos están situados a los lados de la cabeza y son independientes uno del otro, lo que le permite tener dos campos de visión diferentes.
Como ven hay de todo tamaño y para todos los gustos, ellos cambian de color por comunicación, camuflaje, regulación térmica y estado emocional. Viene a mi mente el tarareo de una popular canción: “El camaleón, el camaleón cambia de colores según la ocasión…” y no puedo evitar comparar este animalito con algunas personas que tienen esa capacidad de camuflarse y si bien no cambian de color como ellos, si tienen la capacidad de mostrar diversas caras y comportamientos, engatusar a muchos para convertirse en la persona que otros quieren ver y no son realmente. Son extremadamente calculadoras, analíticos, manipuladores, falsos y de un manejo actoral increíble, capaces de ganarse el mejor premio del Oscar.
Mientras que los primeros son inofensivos, estos últimos son de temer y de ellos para lamentar hay muchos. El poder, el dinero, el ascenso, la ambición, los celos, las envidias y las traiciones pueden ser el motor de ellos o de ellas. ¿Qué hacer cuando te encuentras con estos personajes que no son de ciencia ficción sino muy reales? Definitivamente no los colocaría a tu mano derecha; como tu funcionario, consejero, asesor u amigo (a) de confianza, o amante, lo ideal es que te rodees de una persona auténtica, de carácter, franco, directo y no sumiso. Servicial si, incondicional no. El incondicional dice si a todo, agacha la cabeza, te pela los dientes aunque te mande al vacío y siempre quiere quedar bien con todos, se lleva muy bien con las personas correctas y también con los sinvergüenzas e inescrupulosos y eso no es bueno, solo se es incondicional a Dios y no al ser humano. ¡Querido amigo y amiga lector los principios, los valores no se transan, se tú mismo y solo agacha la cabeza ante Dios! Recuerda la canción: “El camaleón, el camaleón cambia de colores según la ocasión…”
(M.E.B.E.R noviembre 2025)

