Según la Arquidiócesis de Lima: “la Cuaresma es un tiempo de conversión y renovación bautismal. Donde la Iglesia nos invita a profundizar en nuestra vida cristiana, revisar nuestros caminos y fortalecer nuestra oración. La participación de la Eucaristía renueva la alianza con Dios, en la que Jesús ha sido siempre fiel. Siguiendo su ejemplo, podemos caminar con confianza en los caminos del Señor, dejando que su amor y presencia nos guíen en nuestro día a día. La meta es renovar nuestro compromiso con Dios y prepararnos para la Pascua, celebrando la victoria de Cristo sobre la muerte”.
“Jesús sin buscar poder ni honor, acepta la voluntad del Padre, incluso en momentos de sufrimiento y fracaso, confiando plenamente en Él. En el desierto, en Getsemaní y en la cruz, Jesús dice siempre “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, demostrando su obediencia y amor. Gracias a su entrega, Cristo vence la muerte y nos ofrece la vida”.
También escuché durante la misa en la homilía del evangelio que nos aconsejaban a todos los presentes de aprovechar más este tiempo de cuaresma y de preparación interior para meditar como estaba nuestra oración, limosna, ayuno y penitencia y escuchar más la palabra del Señor. Entonces recordé algunos de los pasajes y citas bíblicas donde nos muestran a un Jesús que se retiraba en el alba para orar y a hablar a solas con el Padre.
Esto me hizo meditar cuánto y cómo estaba orando últimamente y si lo estaba haciendo como nos dice Jesús de cerrar la puerta de nuestra habitación y hacerlo en secreto, al igual que la limosna y el ayuno, sin que se enteren los demás de lo que estamos haciendo.
También recordé que el ayuno no solamente es privarnos de los alimentos. Jesús se apartaba de la gente y oraba. Me pregunté: ¿Qué es lo que más nos costaría en estos tiempos de soltar, de privarnos ¿No sería acaso del uso de la televisión, del Telecable, de las redes sociales, del famoso aparatito que llevamos a todas partes y lo usamos a cada rato? Chicos, grandes, adultos mayores, para la gran mayoría acaso no está presente su celular en la mesa del comedor, en la habitación, en la calle, en el aula, en los recreos, en los viajes, en las redes y medios de comunicación masiva, en los parques, en la iglesia, en la misa, en las ceremonias religiosas y encuentros parroquiales. Hemos perdido la privacidad y todos parecen estar más atentos a grabar y mostrar no solo lo que están haciendo sino lo que otros están haciendo y como lo están viviendo.
La verdad y no creo equivocarme es que Jesús prefiera que profundicemos más nuestro dialogo interno con la Santísima Trinidad Padre, hijo y el Espíritu Santo, estemos más atentos a escuchar y leer su palabra, que estar grabando en tiempo real las emociones, sentimientos y actuar de las personas que se profesa durante los eventos religiosos y mostrarlos por las redes. Puede que, por estar pendiente de registrarlo, de nuestra participación, y de los demás, te estés privando de estar más atento a tu encuentro y vivencia personal con Dios y crecimiento espiritual.
Ojalá volviéramos a tener ese respeto y privacidad de nuestra participación y crecimiento espiritual interior que antes teníamos. Apaguemos nuestro celular y oremos en secreto, guardemos cientos de celulares y dejemos a las autoridades o responsables que correspondan su debido registro y transmisión en el momento más indicado.
(M.E.B.E.R febrero 2026)

