Un corazón de piedra mata, roba, viola, maltrata, miente, engaña, difama destruye todo a su paso. No conoce la piedad ni la misericordia, no escucha a nadie, es una pieza de acero que no quiere sentir remordimiento ni pena, ni mucho menos arrepentimiento. Camina de prisa, sin detenerse, no tiene tiempo, calcula, maquina, pone la trampa para lograr su cometido, no para, va en busca de su presa, no se detiene ante nada ni ante nadie, no tiene miedo de Dios, ni miedo a la muerte, de rostro fruncido, músculos endurecidos y mirada seria, no sonríe ni hace sonreír, ha perdido todo, su esencia, el valor de la vida y el deseo de amar y ser amado. Se olvida que Dios existe y que nada pasa desapercibido ante su mirada y el clamor del inocente.
Atrás quedaron los recuerdos dolorosos de su infancia, quizás el abandono de sus padres, el maltrato de su progenitor, el hambre, la miseria, los insultos, el desamor; no recuerda quién le pegó más fuerte si el amigo, el familiar o el extraño pues creció en la dureza de la calle, en el abandono de nuestra sociedad, uno más del montón se dijo a sí mismo y aprendió a la mala a llevarse el pan a la boca, robando y matando, qué más da, ya estaba muerto.
Todos los días lamentablemente escuchamos noticias de robos, asesinatos, secuestros, como el pan de cada día, ante la indignación justificada de la población víctima de estos actos delincuenciales, que nos vuelve una sociedad fragmentada, adolorida y golpeada por estos hechos tan deplorables y que buscan sembrar el caos y desestabilizar nuestro país. Nos enojamos, gritamos que esto debe terminar, buscamos soluciones: más cámaras de vigilancia, motos, autos, más recursos humanos y operativos policiales y hasta militares. Y está bien, porque la criminalidad de estas bandas ha crecido aún más y esto debe ser combatido mejorando y efectivizando las normas y leyes a favor de nuestra población terriblemente afectada. No permitamos la impunidad de más asesinatos, feminicidios, asaltos, robos. Tengamos fe y esperanza que nuestras autoridades y funcionarios tomarán las medidas necesarias que garanticen la paz y la tranquilidad en nuestro país.
Pero me pregunto si estamos haciendo lo suficiente con trabajar la logística, infraestructura y recursos humanos necesarios para combatir la criminalidad. No creen que parte del problema es la ausencia de valores en el hogar, que es el núcleo principal de nuestra sociedad y ella está ausente. Los principios, los derechos y las obligaciones como miembros de una sociedad justa se están perdiendo. Tenemos una brecha enorme de injusticias sociales y económicas; escuelas públicas y atención médica deficientes, acceso desigual a los servicios públicos, desigualdad de ingresos, trabajos informales sin derechos laborales, la falta de empleo y no solo del profesional sino del que trabaja a diario para llevar el pan a su mesa, y la lista sigue. Si no hay trabajo que es el derecho fundamental de todo ser humano y no tienes como generarte el sustento y no tienes que comer, y no tienes acceso a la educación ni a la salud, salir adelante se vuelve más difícil. Por ello; es vital que se mejoren las leyes a favor del empleado y no solo del empleador. ¿Con tanta hambre y necesidad en el pueblo cómo es posible que los congresistas sean beneficiados con bonos y salarios extraordinarios? Si su único afán debe ser el de servir a la patria y por ende a la población peruana.
Nuestro compromiso en donde estemos es incentivar los valores y no solo hablando, comunicando, sino promoviéndolos con nuestras acciones. Invito a mis colegas comunicadores que hagamos campaña de valores, programas, actividades que promuevan los valores éticos, cívicos, morales y religiosos, que son el pilar de nuestros hogares y nuestra sociedad, menos difusión del caos y más solución. Nosotros los comunicadores tenemos la capacidad de persuadir, de sensibilizar, reeduquemos a nuestra sociedad, unámonos todos los medios para transmitir contenido de valor, de crecimiento interior y desarrollo de la población. Involucremos a los colegios, empresas, instituciones, organismos, públicos y privados, cambiemos el chip de los peruanos y de toda nuestra sociedad. Enfoquémonos en la solución que cada uno puede aportar. No dejemos el problema solo al gobierno y entidades estatales, todos formamos parte de ello y es nuestro deber hacer algo al respecto.
¡Un hogar, una sociedad justa es bendecida por Dios, camina con su luz y se aleja de la oscuridad!
(M.E.B.E.R agosto 2026)

